Antes de comenzar a desarrollar esta pregunta, quiero decir que está pensada bajo una circunstancia personal y que me gustaría compartir con vosotros.
El otro día, tuve uno de esos pequeños bajones que las adolescentes solemos tener casi, semanalmente. Son de esos días, que te sientes apagada, que no tienes ganas de ver ni tu propia sombra, que piensas que cómo alguien se acerque a hablar contigo saltarás con alguna bordería aunque tú no quieras, que todo lo que haces parece que está mal o que incluso todo el mundo se ha puesto en contra tuya, que estas deseando de llegar a tu casa para tumbarte y no querer saber nada de nada, pues bien, ese mismo día, tuve que ir a visitar a mis tíos y con ellos, a mi prima pequeña. Llegué a su casa y me senté en un sofá, mientras mis padres y mis tíos conversaban mi prima de 1 año y medio, se acercó a mí. Me empezó a sacar juguetes pero yo se los retiraba y tras varios intentos de ella fallidos, se sentó a mi lado y me dio un libro. En el libro, aparecían imágenes de caras y cuando llegué a la hoja de la cara triste, mi prima me la señaló. Me quedé muy sorprendida y pensé: ¿pero teniendo un año y medio como puede saber lo que me pasa? La miré y ella se empezó a reír, entonces me hizo el gesto típico de los niños pequeños cuando quieren que los cojas. La puse en mis rodillas y ella me dio un abrazo. Después de ese momento, no sé que me pasó pero volví a la normalidad. Mi estado de ensimismamiento había desaparecido, y fue en ese momento cuando me formulé la pregunta de: ¿Por qué los niños son capaces de sacarte una sonrisa, justo cuando más la necesitas?
La verdad, no sé si alguna vez os habrá ocurrido algo parecido, pero es cierto que los niños tienen un don especial para llevar felicidad a cualquier parte del mundo. Todos nos embobamos viendo a un niño comer, o simplemente cuando duerme. Cuando hay un bebé en casa, parece que se respira tranquilidad y sientes el impulso de estar todo el rato pegado a él. Te muestras protector para que nada malo le pase y si, simplemente se cae aprendiendo a caminar vas corriendo hacia él a ver si se ha hecho daño, si tiene alguna herida… Te preocupas tú más que el bebé en sí. Las personas más duras, más “macarras” del mundo, cambian cuando tienen un bebé entre sus brazos, parecen otras personas, es cómo si les hubieran hipnotizado completamente.
Mi conclusión final es que, da igual lo que te pase, si tienes que estar triste sé triste, pero que tengamos muy en cuenta, que cuando hay un niño pequeño por medio, no hay tristeza en nosotros pues con un pequeño gesto de ellos, nuestro estado de ánimo cambia completamente.
<<¿Qué es felicidad? Pásale a un niño la pelota y sabrás lo que es serlo>> Gustavo Adolfo Bécquer

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